En un reciente artículo en McKinsey Quarterly se pone de manifiesto algo en lo que trabajamos intensamente desde TreepleA, ¿cómo adoptar decisiones en contextos de máxima incertidumbre? En determinados proyectos de inversión, a veces millonarios, se tienden a hacer sofisticados análisis financieros que después, a la hora de la verdad, ante decisiones complejas, cuantiosas y con múltiples alternativas posibles, se quedan en meros “filtros” o atajos como es el de aplicar grandes tasas de riesgo para descontar unos flujos de caja que, en realidad, no tienen suficientes fundamentos.

Esta problemática de decisiones irreversibles es habitual en sectores de una gran intensidad de inversión, como el energético o telecomunicaciones. Este tipo de sectores están acostumbrados a ir más allá en los análisis financieros de sus inversiones. Usan lógicas diferentes que les permiten valorar con muchísimos mejores fundamentos financieros las decisiones que suelen valorar.

Los autores sugieren la posibilidad de generalizar herramientas donde se puedan analizar con más detalle las diferentes posibilidades, los riesgos en cada escenario y las probabilidades de que se cumplan o no esos riesgos; en definitiva, establecer mecanismos de comparación relativa que, aún estando también sujetos a supuestos, permiten hacer mejores valoraciones del riesgo y de las decisiones.

Cuando a veces estudiamos una sola opción posible, por mucho que descontemos el riesgo de que ocurra, en realidad no estamos calculando o teniendo en consideración la probabilidad de que ese “camino” que creemos que va a suceder suceda de verdad. Así, los autores del artículo de McKinsey aportan un ejemplo muy clarificador respecto a una nueva inversión en una empresa petrolera. Tras hacer los análisis pertinentes y obligarse a valorar otras opciones posibles, se dieron cuenta de que la probabilidad de que los cash flow utilizados como base se consiguieran realmente no superaba el 5%. Esto les obligó a recapacitar y pensar en una hoja de ruta que les permitiera amortiguar posibles riesgos que, a priori, no se estaban valorando bien (en una tasa de descuento).

Lo que proponen los autores son nuevas herramientas que permitan crear una función de distribución de probabilidad del proyecto de inversión (en función del riesgo y de lo que pueda suceder en los factores clave de la viabilidad del mismo), además de un resumen claro y fácil de comprender de un vistazo respecto a ciertas métricas clave (regulación, precios, riesgos geopolíticos…, necesidades de capital, métricas con riesgo ajustado). La función de distribución de los flujos de caja generados por el proyecto exige destripar al máximo nivel los riesgos, valorar qué pasaría si se generan escenarios “raros” y tener una hoja de ruta donde se puedan preparar estrategias para mitigar esos riesgos.

distribucion riesgo

La reflexión va mucho más allá. ¿Cómo tomar decisiones de inversión en empresas que tienen simultáneamente muchas posibilidades abiertas? Desde McKinsey lo dejan claro, hay que valorar los proyectos en función de su riesgo ajustado (sacar las funciones de distribución del riesgo) y establecer prioridades claras en función de ese riesgo ajustado. En suma, tratar los proyectos como una cartera de inversión, con riesgos y posibilidades distintas y que permita conocer con profundidad los riesgos internos que se están asumiendo y de qué variables dependen.

En el siguiente gráfico se muestra también cómo de una forma sencilla una compañía puede medir el riesgo de seguir impulsando los proyectos que tiene en la actualidad (downstream) o abrir nuevas líneas de inversión (upstream). Como se puede observar, aumentar de forma significativa los proyectos nuevos, sin reforzar los actuales, podría colocar a la empresa en niveles muy elevados de riesgo. La clave, del mapa de riesgos presentado, radica en una combinación con una fuerte apuesta por los proyectos “aguas abajo” y arrancar en una proporción moderada nuevos proyectos (y, por tanto, con mayor tasa de riesgo e incertidumbre).

Riesgos_medición

En definitiva, una vez más se pone de manifiesto que no se pueden aplicar viejas lógicas para adoptar decisiones de inversión en contextos de incertidumbre. Contextos que son cada vez más habituales. No nos podemos dejar llevar por faltas sensaciones de control del riesgo porque cualquier cambio en la economía, en la regulación, en el comportamiento de los proveedores o de la competencia…afecta a los resultados y a la viabilidad de nuestras decisiones de inversión. Es mejor conocer esas distribuciones, esas distintas posibilidades, estimar bien la sensibilidad de nuestra rentabilidad ante cualquier cambio en las variables clave (siempre puede aparecer algo impredecible que nos rompe todo, los llamados cisnes negros) y, con ello tomar decisiones con mayor rigor, más fundamentadas y, sobre todo, más conscientes de que la realidad es compleja y no se puede abordar esa complejidad con herramientas clásicas que la niegan. No se puede negar la realidad, y menos si nuestro éxito financiero depende de ello.

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