Escribí en una reflexión en Sintetia que si existe algún consenso en el mundo académico es que Paul Romer ganará algún día el Premio Nobel de Economía por sus trabajos acerca de la innovación y los incentivos que conducen al crecimiento económico. Y si hay algo realmente ausente en nuestra política económica y su discusión son precisamente sus ideas. Estas se pueden resumir del siguiente modo: el crecimiento basado en la acumulación de factores clásicos, trabajo y capital, está sujeto a limitantes. Ni en un país puede trabajar toda la población ni un trabajador que utiliza un ordenador es mucho más productivo por disponer de otro ordenador adicional. El crecimiento basado en las ideas, en cambio, no tiene límites porque se basa en las infinitas combinaciones posibles de elementos ya conocidos.

El hallazgo de Romer se puede comprender de una forma muy amena a través la película “Destellos de un genio”, basada en una historia real. Un ingeniero patenta en los años sesenta la solución a un problema con los limpiaparabrisas para automóviles, pero Ford copia su idea sin compensarle. Se inicia una batalla legal, en la que Ford aduce que ninguno de los componentes usados por el ingeniero para su invento era nuevo. Sólo eran elementos combinados de distinta forma, por lo que no tenía sentido, en opinión de la compañía, compensar al ingeniero. Este último, representándose a sí mismo, reacciona brillantemente: coge un diccionario y empieza a extraer palabras al azar, todas ellas, según explicaría posteriormente al jurado, pertenecientes a una novela de Charles Dickens. Con ello demostraba que lo que hacía a Dickens brillante como creador literario era su forma de combinar e hilar las palabras para crear obras de arte singulares (ver la magnífica intervención en el siguiente vídeo, en inglés)

Este ejemplo muestra cómo el progreso y la riqueza se encuentran en la forma en la que se combinan los recursos para generar más producción, calidad o eficiencia. La creación, difusión y comercialización de nuevas ideas responde en gran parte a incentivos de mercado. Los agentes arriesgan cada vez que introducen una novedad en el mercado o en el sistema productivo, pues nada garantiza que una idea sea comercialmente viable.

Así, el progreso tecnológico y el crecimiento económico dependen de que los incentivos estén alineados para que los agentes se muevan hacia donde puedan dar más de sí, para que generen ideas y arriesguen en su implantación. Y así es como se mueve la gran rueda del progreso. 

Tal y como se muestra en el fantástico documento elaborado por Nesta “Plan i Innovation for Europe”, esta rueda del crecimiento depende en un 85% de la innovación. Y esta innovación pone de manifiesto a través de la construcción de activos intangibles y la aceleración de la productividad de los factores. Y en este sentido, hay dos magníficos gráficos de este informe que explican de forma fabulosa el poder de la innovación, de los intangibles y de la productividad.

El primero de ellos explica de forma muy gráfica cómo el crecimiento económico está liderado por los intangibles y la productividad, los grandes inputs que mueven la innovación.

 

El segundo de los gráficos muestra una idea muy importante. No sólo es importante crear empresas, sino también que estas crezcan, se consoliden en los mercados y sean cada vez más grandes. Tener empresas de “alto crecimiento” es clave para generar riqueza. Y en una comparación entre Estados Unidos y Europa se observan diferencias notables entre ambos territorios. Europa tiene un problema serio para lograr un tejido empresarial liderado por empresas que crezcan y sean líderes en los mercados globales. Europa es un territorio de empresas mayoritariamente pequeñas. Y si pensamos en España, aún los indicadores son más pobres, en este sentido.

 

No hay progreso sin ideas, sin riesgo, sin capacidades para transformarlas en productos y servicios que resuelvan problemas, que hagan más eficaces a los recursos, más productivos y, sobre todo, que creen riqueza y calidad de vida. La apuesta es clara. Es una puesta arriesgada, por eso tenemos que seguir dando pasos para convivir y tratar con nuevas herramientas las finanzas que, al fin y al cabo, son el gran filtro al que se tiene que enfrentar toda idea, todo equipo, toda empresa. Sin finanzas, sin recursos económicos, y sin personas, la innovación, el crecimiento empresarial y el progreso se convierten en tareas muy difíciles, casi titánicas.

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Director #CIESFinazas
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Co-Fundador InstitutoCIES, expertos en estrategia financiera para organizaciones; evaluación de políticas públicas y estrategias para la dinamización empresarial